LA CAPITAL. Rosario, julio de 1978

La conquista del camino

La conquista del Río de la Plata, al final, perdida toda esperanza en otra conquista de imperios donde como en México y Perú, estuviera al alcance de la mano depredadora del hombre, el oro, la plata y las piedras preciosas, tan codiciadas en aquella época no sólo como adorno y ostentación de riquezas, sino también, por sus atribuidas virtudes medicinales o mágicas, se convirtió, en cambio, en la casi obsesionante conquista del camino.

Sebastián Gaboto, de regreso a Espana, abrumado por pleitos civiles y procesos criminales, hostigado por el Consejo de Indias y por un enjambre de acreedores implacables, dijo en uno de sus descargos, que si hubiera descubierto desde el Paraná el camino que llevara al Perú, le hubiera hecho a su rey un servicio mayor que si hubiera descubierto las minas más grandes y más ricas del mundo.

De ahí que los capitanes, que años después de Gaboto, bajaron desde los que habían sido dominios del Inca, de espalda a los tesoros del famoso Rey Blanco, y los que acompañaron desde Asunción a Juan de Garay, aguas abajo del Paraná, vinieron en busca de caminos para que por ellos, según el pensamiento del fundador de Santa Fe, hubiera trato y conversación entre los hombres.

El objetivo de Garay era precisamente, abrir y allanar dos caminos. Uno fluvial que llevara al mar por donde se pudiera ir y venir de España: y el otro terrestre, que comunicara al Perú y al reino de Chile con el Paraná, sobre todo con rumbo a Lima, hacia donde se había desplazado el centro de la conquista de las Indias.

Este era el camino que buscaba Garay, cuando se topó en Coronda con don Jerónimo Luis de Cabrera, que acababa de fundar la ciudad cordobesa en tierra de Comechingones e incluido, en sus dominios al fundar simbólicamente el puerto de San Luis de Córdoba, junto a las ruinas del fuerte de Gaboto.

Fue este imprevisto encuentro el que obligó a Garay a fundar apresuradamente la ciudad de Santa Fe en tierra de Calchines y Mocoretás, en el sitio donde en espera suya había acampado su gente en las inmediaciones del lugar que actualmente se llama Cayastá, donde se han exhumado las ruinas de Santa Fe la vieja.

Esta contramarcha, que se vio obligado hacer Garay desbaratando su propó sito inicial, le llevó apresuradamente a fundar donde había dejado el cuerpo principal de su expedición, y a prescindir de las aspiraciones de Cabrera, al establece los limites de lajurisdicción santafesina llevándola por el sur a veinticinco leguas más allá del imaginario puerro de San Luis de Córdoba, que así quedaba dentro d la jurisdicción de la ciudad que fundara Garay.

Sin embargo, Santa Fe, quedó practicamente encerrada y metida en un rincón entre islas, lagunas y pantanos por el naciente y el sur, y por el Oeste, por los tupidos espinillares y algarrobales, guarida de tigres, desde donde acechaban amenazantes las tribus rebeldes.

Garay dice que fundó Santa Fe, por "el calor que puso en decir que abriésemos puertas a la tierra" para no vivir encerrados, pues, gracias a la fundación de la nueva ciudad, "esta tierra, dice, tan encerrada empezó a tratar con los reinos del Perú". Pero al verse obligado por el lamentable encuentro con el fundador de Córdoba, a fundar mucho más al norte del antiguo fuerte de Gaboto, perdió ese camino hacia el Oeste cuyo rumbo marcaba el Carcarañá, transitado ya por el mismo Cabrera desde tierra adentro hacia el Paraná, como lo hicieron en 1544 Francisco de Mendoza, un capitán de la expedición de Diego de Rojas: y en 1553, Francisco de Aguirre después de la fundación de Santiago del Estero.

Así fue como mandó a Juan de Espinosa que con veinte soldados, poco tiempo después de fundada la ciudad saliera a descubrir el nuevo camino que uniera a Santa Fe con Córdoba y Santiago del Estero y el Tucumán, que por fin halló por el río Salado, dice el mismo Espinosa, en una "Inforrnación" levantada por Tomás de Garay como apoderado de Hernandarias de Saavedra, en 1596.

Juan de Garay, mientras fundaba Santa Fe, se refiere a un camino que llama de los Chipiacas, y que desde la nueva ciudad subía hacia el norte. Lo cita sólo de oídas. No lo ha recorrido pero los indios de la comarca, señalando hacia el norte le habían dicho que por allí se iba a los Chipiacas.

En mocobí se llamó "chipiac" al caballo y es lógico suponer que con ese nombre y ese rumbo, señalaban la región que luego se llamó "Valle de Calchaquí", por donde Gregorio de Bazán habia llegado desde Santiago del Estero a las inmediaciones de Malabrigo, con los primeros "Chipiac" que habían visto los indios de estas regiones.

Garay, desde Santa Fe, allanó los caminos por los cuales se abrieron las puertas de la tierra.

A lo largo del Paraná, gracias a Santa Fe y Buenos Aires, se llegó fácilmente al mar por donde él mismo despachara una carabela a España: y desde Santa Fe por tierra; arrancaban los caminos por donde, decía el mismo Garay en una "información" levantada por Torres de Vera en Santa Fe en 1583, "entran y salen cada día mercaderes con carretas y caballos" y por donde ya, diez años después de lundada su ciudad, podía "ir y venir un hombre solo y un indio con las carretas", hacia el Tucumán.

Se había allanado la tierra, dicen los documentos de la época, y asegurado los caminos reales", pues, no solo al Tucumán, sino al reino de Chile, ya habían transitado sin mayores riesgos cuatro soldados, dos que fueron y volvieron desde v a Santa Fe, y dos que vinieron de Chile, hacia donde había marchado la escolta que Garay mandó acompañara a Alonso de Sotomayor, desde el Carcarañá hasta la gobernación transandina, para la cual había sido nombrado gobernador.

Diego de Olavarrieta, vecino de la ciudad de Asunción donde se desempeñaba como alcalde ordinario y alcalde de la hermandad, en la "información" citada, dice, que Garay puso en camino a Chile a Alonso de Sotomayor, que venía con su título de gobernador, pues, agrega, por ese camino "ahora se camina con poco riesgo toda la tierra, siendo, como es tan ancha y larga".

Gracias a la conquista de esos caminos, la empresa que más gustaba exaltar y señalar Garay en sus declaraciones yen sus cartas al rey, se inició el comercio con las primeras tropas de carretas tiradas penosamente por sufridas y lerdas yuntas de bueyes, gacha la media luna de sus aspudas cabezas, unidas bajo el peso del yugo de algarrobo mientras algún mercader, resabio de mercaderes medievales, prometería partir futuras y mal habidas ganancias con santos de su devoción, si lograba medrar, sin riesgos, con el contrabando que apenas ocultaba la fardería de ropa de la tierra. Y aún, para más obligarse en esta secreta y sánta aparceifa o sociedad celestial,que así formularía el mercader desde el fondo de su corazón, mordido por cargos de conciencia, ese obligaría en hallando en sus andanzas por estos andurriales a un escribano de registro, a dejarla instituida en sus protocolos: aunque bien sabía que la implacable ferocidad fiscal de oficiales reales no escapaba a aquello que había oído decir, que "los regalos cierran los ojos del sabio y enmudecen los labios del justo.




Domicilio: 25 de Mayo 1470 - Santa Fe de la Vera Cruz - La Capital - Santa Fe - República Argentina - Código postal: 3000
Teléfono: (54) 0342 4573550 - Correo electrónico: etnosfe@ceride.gov.ar
Página web: http://www.cehsf.ceride.gov.ar/